Autobicicleta autografiada por autómatas: la familia
-¿Qué vamos a hacer?
-Vamos a visitar a la abuela.
-¿Por qué? ¿Está sola?
-Sí, ella se siente muy sola y se aburre.
-Para mí la abuela es aburrida.
-¡Pendejo desconsiderado! La abuela ya es una persona mayor, ya no juega y no mira dibujos animados.
-Cuando se es grande, ¿no se hacen esas cosas?
-No, cuando se es grande se hacen otras; se coge y se mira el noticiero.
-¿Y eso vamos a hacer con la abuela?
-¡No seas imbécil! ¡Por supuesto que no!
-¿Y qué vamos a hacer?
-Vamos a charlar un poco con ella y a pasar la tarde en su casa.
-¿Así la abuela se siente mejor?
-Claro.
-¿Y de qué vamos a hablar?
-De cómo está la vida, cómo solía ser y cómo creemos que será.
-Eso es aburrido.
-Si querés, vos podés jugar en el patio.
-¿Puedo jugar a Los Piratas de la Isla Mocoretá?
-Sí, no veo por qué no.
-Eso es divertido. Buscar un tesoro es divertido.
-En la casa de la abuela se puede hacer eso, hay un tesoro escondido.
-¿Lo esconde la abuela?
-Exacto.
-¿Y qué es lo que esconde la abuela?
-Mucho dinero.
-¿Ya no lo quiere?
-Así parece. Pero lo escondió porque no quiere que otros se lo roben.
-¡Yo no se lo robaría, estaría jugando!
-Exacto, hijo mío, sólo vas a estar jugando. Jugando y nada más...
30.11.12
27.11.12
Personajes IV
El puente estaba clausurado hacía tres años ya, desde aquella monstruosa vez en que Alberto Ibarra decidió quitarse la vida de un salto y reventarse la cabeza contra el pavimento. El municipio colocó un alambrado que envolvía al puente como una sábana metálica para que a nadie más se le ocurra volar; y a los pocos meses, una reja en las escaleras impidió el acceso. El Intendente, en una cena pasada de vino, explicaría entre hipos: "Ya está, les prohíbo que pasen, directamente. No entra nadie y así no me rompen más las pelotas."
Entonces el tiempo oxidó los alambres y la Naturaleza propagó enredaderas que cubrieron casi todo el puente, que pronto pasó al olvido, al igual que Alberto Ibarra.
El puente estaba clausurado para todos los ciudadanos; pero no para Russel. Él tenía un escondite al que accedía todas las noches; por el costado de la escalera, atravesando la porción de alambrado que había removido minuciosa y disimuladamente. Las plantas tapaban el techo y las paredes, a excepción de una pequeña parte, escondida para la vista externa.
Russel iba allí todas las noches; los linyeras mantenían el secreto de que ese era su lugar. Hasta fue colocando una silla de playa para estar cómodo, un baúl donde guardaba binoculares y latas vacías; algunos diarios sobre la silla y dos linternas que colgaban de los apoyabrazos. Ahí se sentaba e invertía su tiempo. Las luces naranjas hacían que todo se viera más interesante. Y él, sentado ahí con sus ojos saltones, los dientes amarillos, el pelo grasciento; un cigarro en la mano hábil, sostenido por las falanges desnudas y mugrosas que asomaban de los guantes mitones deshilachados. Lo importante era ver la autopista moverse y ser de los autos y de los materiales urbanos. Él, un simple espectador de todo ese show, observando a los autos ir y venir como relámpagos o estancarse los domingos al atardecer, peleándose entre quejas vehiculares. Si tenía suerte, presenciaba un accidente y eso, según Russel, era lo mejor que podía pasar. Un discman al que conectaba unos auriculares musicalizaban la escena; por lo general era clásico, y si el accidente ocurría, la música era el accesorio especial, volviéndolo dulce y satírico. Mientras veía las ambulancias llegar y la caravana ralentizarse; reflexionaba y llegaba a la conclusión de que tales máquinas como los autos, habían sido fabricadas con ese fin: el de colisionar unas con otras y despedazarse. Entonces el show era un verdadero lujo: la Tecnología desbordándose de la Inconsciencia del Hombre, y Russel aplaudía, saltaba en su silla y rogaba ver más.
Así se iba una noche y cuando el cielo clareaba, salía del puente sin ser visto y volvía a su casa a descansar.
24.11.12
Caracas
Seamos de una sola cáscara,
el vino en los manteles.
Seamos de una sola piel,
de besos, de nueces en la tráquea.
"Un pez de dos colores
pero el mismo pez.
¿No es maravilloso
ser uno a la vez?"
Yo no sé,
no comprendo las cosas.
No sé,
pero creo
(no sé, fijate),
me parece,
me da la sensación
que yo,
mirá,
yo...
Yo te amo.
el vino en los manteles.
Seamos de una sola piel,
de besos, de nueces en la tráquea.
"Un pez de dos colores
pero el mismo pez.
¿No es maravilloso
ser uno a la vez?"
Yo no sé,
no comprendo las cosas.
No sé,
pero creo
(no sé, fijate),
me parece,
me da la sensación
que yo,
mirá,
yo...
Yo te amo.
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